Uno cuando mejor se encuentra en una gran ciudad en verano es cuando cae la noche.
Cuando ya es mas de medianoche y no se oye mas que el ruido de algún coche en esa cicatriz que corta de medio en medio la ciudad y llaman diagonal
Cuando ya las piedras de las terrazas y el asfalto han soltado todo el calor retenido del dia.
Y ni siquiera huele a calor en la noche.
De siempre me ha parecido que a estas horas el resto de vecinos no pueden hacer otra cosa mas que hacer que duermen, o como yo , leer de un sitio a otro sin mas motivación que seguir disfrutando de una temperatura que deje pensar
No es todavía pleno verano , pero la ansiedad sube por momentos pensando en lo que nos queda por llegar , si a cinco de junio ya tengo mi primera noche de sueño tardío por causa del calor.
El año pasado pase largas noches sentado en la terraza con el ordenador en las rodillas, dejando que la noche refrescase el cubículo donde no se por que extraña razón me empeño en vivir.
Recuerdo otras noches de verano en otros lugares y con gente extraña en otras épocas en las que ninguna ciudad terminaba por ser la propia
Me acuerdo especialmente hoy de un verano pasado en Pucela y de como los pucelanos decían que Valladolid era una ciudad con diez meses de invierno y dos de infierno
Y puedo asegurar que aquellos dos meses fueron un infierno de calor.
Un calor que caía a plomo en el suelo y que hacia que las figuras se viesen difuminadas por una especie de neblina algo así como un espejismo.
Recuerdo también la primera vez que oí la expresión calima por mi casera de Palma de Mallorca Aquella señora de Valldemosa que bien podía haber sido prima lejana de un Dali de la costa brava por lo surrealista de su carácter y sus bruscos y antipáticos modales.
Calima
A mi solo me sonaba aquella palabra a aquella canción de mis años adolescentes, de aquellos negritos que cantaban Calima de Luna y que nos hacia bailar las noches de calor en la hierba fresca y mojada del Tennis en Pamplona.
La Calima era algo mas pesado y mas húmedo que el fresco césped de mi ciudad.
Recuerdo también una noche en el patio de la casa de los Pimentel en Valladolid viendo una representación del sueño de una noche de verano y como ahora solo puedo recordar el ruido del pico de la cigüeña que anidaba en lo alto del campanario de la iglesia de San Pablo.
Ese ruido seco tan seco como las caras de la gente que me rodeaban en tan mala actuación.
El año pasado nos reíamos mucho mas en el patio del CCCB en Barcelona viendo una película de Scorsese sobre su familia italo americana y las movidas terribles de aquellos devorando spaguetti en NY.
Las noches de verano como hoy que llegan con propositos descabellados de no volver a repetir los errores de los pasados veranos y con mi hermano diciendome de lejos que se acerca para advertirme que en este momento solamente podemos dejarnos llevar como el lo hace en esas olas que le gusta cabalagar en las playas de sur de Francia.
Dejarnos llevar y evitar bajo cualquier pretexto que nos domine este caracter que tenemos me dice, e intuyo que viene con un monton de razonamientos bajo el brazo que de nada le van a servir cuando este caracter que tenemos nos levante en el pico de la ola y nos haga como siempre llegar a la orilla intactos.
Si tuviesemos tiempo le llevaría al parque del laberinto en Horta para que se perdiese dentro y se encontrase con Eros en medio y justificase así que siempre le ha dado mucha rabia el tener que dejarse llevar y la paciencia que le acompaña en la espera de la próxima ola a dominar.
El verano es verano con o sin paciencia, el insomnio llega igual cada año lo mismo que me acompaña la camisa de cuadros vieja o nueva de manga corta, cada vez que salimos a comer pizza al bar de los napolitanos de la esquina.
En pocos días volverá a ser San Juan.
San Juan y amor todo uno es.
Por dos ocasiones me empeñe en ver amanecer en San Juan acompañado desde ese día y hasta el final del verano de un alma cándida que me llevase a trotar por playas y terrazas y por dos ocasiones me acompañaron a lo largo de esos veranos y hasta donde mi ingratitud les hizo llegar
¿Quien no ha tenido un amor de usar y tirar en verano?
Entre tanto repaso las fechas de la semana que viene y me doy cuenta de que los compromisos veraniegos empiezan a llamar con velocidad de vértigo fiestas de cumpleaños reencuentros y cine al aire libre comienzan a agolparse encima de la mesa
¿Sera este el verano en el que me reencuentre con la FIESTA de Hemingway ?
Evidentemente no
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Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEsa FIESTA me la perdí... apenas por unos dias... a veces me ronda la cabeza la idea de vivir la tradición desde el ojo de la extrañeza de las señoritas de la capital...
ResponderEliminarpero sólo de pensar las hostias que contaba Emy que se daban los australianos al precipitarse desde la Fuente de Navarreria se me quitan las ganas...
Casi me atrae más compartir contigo un frito de huevo en el bar de enfrente... o un zurito en el Burgalés!